Tu Historia

“Todos contarán la historia de tu maravillosa bondad…” Salmos 145:7

Viví hace unos años  en Argentina. Pensé que sería una buena razón para compartir mi historia sobre la bondad de Dios (mantendré el prólogo corto).
Crecí  perseguido por un sentimiento de ser un fracaso y de estar solo. Aprendí a adormecer ese doloroso sentimiento a través de la adicción. Mi dolor, adicción y vergüenza me aislaron de mis seres queridos. El dolor finalmente se volvió más de lo que podía soportar, al punto en que estaba al borde de ser suicida. Admití mi adicción, salí del ministerio y perdí todo lo que tenía, incluyendo mi matrimonio, trabajo, casa y aún mi perro. Comencé el proceso de empezar de nuevo.
Hace dos años me mudé a Argentina para llegar a ser más saludable y el comenzar a darle de regreso al mundo lo que tan egoístamente le había quitado. Sin duda ha sido un proceso, el andar en la montaña rusa de la recuperación. He aprendido a enfrentar mis comportamientos destructivos, sus consecuencias, el dolor de mi pasado y las emociones no saludables asociadas. A la final, si no hubiese reemplazado los sentimientos de ser un fracaso y de estar solo, por la verdad que Dios dice sobre mi, nunca hubiese experimentado una verdadera salud y sanidad.
He tenido grandes experiencias desde que me mudé, he viajado a lugares increíbles, he conocido gente maravillosa y he hecho nuevos amigos. Sin embargo, esas cosas no fueron eventos que cambiaron mi vida. En mi historia de la bondad de Dios, dos cosas se destacan. La primera es la verdad de Dios sobre quien yo soy. Cuando entendí lo que Dios dice que yo soy, mi vida cambió por completo.

 

No soy un fracaso y no estoy solo. Necesito escuchar eso de Él. La segunda cosa que sobresale es mi maravillosa esposa, Rebecca. Ella me recuerda a diario quien Dios dice que soy y me reafirma esa verdad. Con esta combinación puedo ver el amor de Dios y como cambia el cáncer emocional en mi corazón y mente.
Hoy, quiero animarte a que enfrentes con coraje tu pasado y seas honesto sobre tu dolor. Ora y pídele a Dios que te diga quien dice Él que tu eres. Rodéate de gente que te reafirme la verdad y gracia de Dios. Sin Él y sin gente amorosa en tu historia y en la de cualquier persona, no veo que termine bien.
Dios es fiel. Su amor es poderoso. Su amor a través de otros cambia vidas. No intentes vivir la vida por tu cuenta o en aislamiento emocional. Tu historia puede terminar bien si la maravillosa bondad de Dios es el hilo escarlata que le atraviesa. Tu historia puede reflejar la maravillosa bondad de Dios, si Su amor es la sintonía en común.

Robert Vander Meer
www.laarboleda.net

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