No Son Delincuentes Sexuales

Las preguntas que más he escuchado es algo así: «¿Las luchas sexuales, o lo que usted llama adicción, no son solo un indicativo de que la persona no quiere volver su vida a Dios con sinceridad, de que simplemente nunca tomó en serio la decisión de seguir a Cristo?»

 

La pregunta usualmente viene de líderes y pastores bienintencionados que no se dan cuenta de con cuánta desesperación —y cuán inútilmente— mucha gente ha luchado contra esta tenaz bestia.
Cada creyente que he aconsejado en su lucha con el problema de la esclavitud sexual ha hecho dos cosas en forma repetida. Primero, todos ellos se han arrepentido innumerables veces y trataron todo lo posible para seguir a Cristo en esta área de sus vidas. Por definición, la adicción significa decidir no hacer algo y encontrarse a uno mismo no solo haciéndolo, sino empeorando.
Segundo, le han dado sus vidas a Cristo por completo, lo mejor que pudieron. Han tratado de hacer con diligencia lo que sus pastores o líderes les dijeron que hicieran, pero siguen sin poder manejar sus vidas. Han tratado de remediar la situación siendo más determinados y espirituales, pero no dio resultado.
Se dirigen al cielo, pero viven en el infierno.

 

Ahora bien, por favor, comprenda, estas personas no son delincuentes sexuales que encabezan la página central del periódico de la noche. Los delincuentes sexuales representan solo el uno por ciento o menos de los que luchan con la adicción sexual. En cambio, puede ser el miembro de consejería de la iglesia o el pastor que constantemente pelea una batalla con la pornografía en la Internet; la dama que canta en el coro sin poder dejar las novelas de modo que tiene fantasías románticas con otros hombres; el adolescente que cae en un ciclo de masturbación que parece que nunca puede romper. O podría ser una persona soltera que va de una relación destructiva a la otra.

 

Ninguno de estos individuos está necesariamente involucrado en relaciones sexuales con otro, pero son adictos como si lo estuvieran. Y esta batalla se ha convertido en una epidemia en nuestras iglesias.
No hace mucho tiempo atrás hice una encuesta para una denominación en particular referida al asunto de la adicción sexual, y descubrí que entre el veintiuno y el veintinueve por ciento (dependiendo de la región del país) de los pastores eran adictos sexuales.

 

No estaban sencillamente luchando con este asunto… ¡eran adictos! Esto fue entre un grupo sólido de líderes, creyentes de la Biblia que crecían rápidamente; sin embargo esto era lo que estaba sucediendo a puertas cerradas.
En resumidas cuentas: Lo que la iglesia ha estado haciendo simplemente no da resultado para los que están en los bancos ni para los que están en el púlpito. Es hora de cambiar. ¡Es hora de que la iglesia se convierta en un lugar de esperanza y sanidad!
Dr. Ted Robert
Deseo ser puro
www.puredesire.org
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