Reconocer O Defender

“Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad.”
1 Juan 1.9

Cuando niño y adolescente me sentí muy criticado y regularmente sentí que no era lo suficientemente bueno. Esto me preparó a defenderme y a mis acciones, ante cualquier persona, en cualquier momento. Por ser sensible a las críticas, yo tendía a sentirme criticado aun cuando no lo estuviese siendo.

 

Como adulto esto me dejó a la defensiva, fácil de reaccionar y difícil de sentirme cerca cualquier cosa, especialmente sobre cosas que realmente había hecho mal.
La realidad es que ninguno de nosotros tiene la razón todo el tiempo. Parte de madurar y ser adultos, es la habilidad de admitir errores, decir la verdad sin importar el tamaño de los errores y tomar responsabilidad por ellos y sus consecuencias. Esta idea puede ser inquietante para la persona que siente que su valor esta adjunto a su habilidad de ser perfecto.

 

Si cuando niños identificamos el recibir amor con “hacer las cosas bien”, y como adultos queremos amor, entonces iremos lejos para defender nuestra fachada, nuestra ilusión de la perfección. O mejor dicho, seremos defensivos, hipersensibles, difíciles de enseñar, cabezas duras, niños heridos haciéndonos pasar por adultos competentes y seguros de si mismos.
El versículo anterior podría ser explicado o expuesto de esta manera, “Si tan solo dejáramos de negar que hemos cometido y  cometemos errores morales, y en cambio se los admitiéramos a Dios, apenas suceden, entonces la fidelidad de Dios y Su amor justo nos liberarán de la culpa real, moral, espiritual y mental.”
La razón por la cual muchos de nosotros somos siempre rápidos en defendernos es porque siempre cargamos con nosotros en nuestro corazón y mente, las consecuencias de nuestras acciones del pasado. Llevamos con nosotros la culpa sin resolver.

 

Culpa es el hecho o consecuencia de hacer algo errado. Cuando tenemos este sentimiento por cierto tiempo, terminamos identificando quienes somos con ese sentimiento. Empezamos a pensar que nosotros somos el problema. Pero la realidad es, que la culpa es una consecuencia natural de hacer algo mal.

 

Si admitimos que hicimos algo mal a Dios, entonces El podrá tratar con y remover esa culpa. Si decimos que no hemos hecho nada malo, entonces estamos atrapados con una consciencia llena de culpa y defenderemos nuestra perfección hasta la tumba.
Sientes el estrés de esto en tu vida? Estas a la defensiva, aun con cosas insignificantes? Si es así, entonces puede que necesites reconocerte a ti mismo, a Dios y a alguien más que has cometido algunos errores.

 

Permite que Dios trate con tu culpa. Permítele que trate con tu sentimiento de culpabilidad. Quieras o no, tu pecado está en la mesa, la verdad está afuera, pero para que la sanidad tome lugar, necesitas reconocer la verdad.
Recuerda, aun si tus padres no estuvieron orgullosos de ti, aun si lo que hacías no era nunca suficientemente bueno, Dios está orgulloso de ti, y tú eres suficientemente bueno porque El te ama. No te defiendas hoy, en cambio, sé honesto sobre quien eres y permite que sea Dios quien te defienda.

Robert Vander Meer
www.laarboleda.net

 

 

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