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Pureza Sexual Y Ojos Que Ven

Unos cristianos no quieren ser especiales en lo que ven. No quieren reconocer que su discipulado se aplica también a esta área. Y tampoco quieren confesar que la sexualidad y la desnudez en la pantalla de cine los excita sexualmente.
Pero los que niegan que tales cosas les afecta, se están engañando a sí mismos. No es posible ver – para diversión – escenas sexuales y exposiciones de desnudez sin ser afectado negativamente de alguna manera. Pero hay hombres que niegan que tales cosas les afectan. Tales negaciones proceden de dos clases de hombres:
El primer grupo son los mentirosos. O se están mintiendo a sí mismos o a los que les escuchan, y probablemente a ambos. El hombre se siente excitado o despertado sexualmente por lo que ve, pero siendo cristiano, sabe que decirlo no es aceptable por la cultura cristiana. Así pues sale del teatro con sus compañeros cristianos, hablando de esta manera: “Esa película estaba muy buena. Sin embargo, qué lástima que tuvieron aquella escena”. Pero en su corazón, aquella escena fue su bocado de cardenal.
Hay también otra clase de hombre que niega que esto le afecta, y este está diciendo la verdad. Y ¿por qué no se siente despertado sexualmente? Porque tiene un corazón insensible, y una conciencia contaminada y cauterizada. “Todas las cosas son puras para los puros; mas para los corrompidos e incrédulos nada les es puro: pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas.” (Tito 1:15) Éste tiene la conciencia tan insensible que necesitaría mucho más que eso para excitarse.
Hay una tercera manera de pecar en asuntos como estos. Esta reacción reconoce el efecto que tal materia puede tener, e intenta usarla. A menudo la gente, aun los cristianos, justifica la mirada o lectura de materia inmoral, diciendo que les ayuda en sus vidas sexuales en casa. “No importa de donde venga el apetito, con tal de que uno coma en casa”. Este enfoque por lo menos tiene la virtud de la honradez. Reconoce que la materia sexualmente explícita es excitante. Pero razona terriblemente mal.
PRIMERO, la Biblia plenamente les dice a los hombres donde deben encontrar la satisfacción y la excitación sexual: debe estar sólo en sus esposas.
“…y alégrate con la mujer de tu mocedad …sus pechos te satisfagan en todo tiempo; y en su amor recréate siempre” (Prov. 5:18–19 Versión Antigua).
Tan pronto como entren otras mujeres a los pensamientos de un marido, la prohibición clara de Cristo se aplica: “Pero yo os digo, que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mat. 5:28).
SEGUNDO, negamos categóricamente que cosas como éstas ayudan a las parejas en sus vidas sexuales. Introducir a otros en una relación sexual (sean del cine u otros) no puede ser otra cosa que una fuente de frustración a largo plazo. Eso es porque inevitablemente introduce comparaciones, y tales comparaciones son dañinas y destructivas en una relación santificada del pacto.
LA EXCITACIÓN A CORTO PLAZO: La breve excitación e intensidad no justifican tal costumbre. Diez rameras le pueden dar a un hombre más placer en la cama que una sola mujer, por un tiempo. Pero esto es simplemente adquirir un breve placer intenso, a costo de un pesadumbre a largo plazo. Estas mujeres no le pueden ofrecer a ese hombre compañerismo beneficioso, o criar a sus niños mejor que una sola mujer.
Una pareja puede excitarse a corto plazo con películas, libros, o revistas, abarcando desde lo insinuante hasta lo explícito, pero no quiere decir que ello es recto. La lujuria siempre exige más excitación – ¡siempre más y más! Por lo tanto, la lujuria procura obtener de una cosa finita, lo que sólo lo infinito puede proveer. El canje de esta excitación es la frustración y el descontento a largo plazo. La esposa no puede ser tan excitante como estas vacas amaestradas de Basán, y el marido no tiene el vigor sexual o la habilidad que tales materias insinúan que él debiera tener. Así pues, el hombre y la mujer han consentido en compararse a una mentira.

Las relaciones sexuales en el mundo real no son iguales con las fantasías que han llegado a aceptar del mundo de la ficción sexual. Pero aceptando la mentira que “lo normal nunca será suficiente”, siempre estarán descontentos con lo que Dios les ha dado. [La lujuria es una mentirosa porque siempre promete lo que no puede cumplir –
EL FUNDAMENTO DE TODO ES ÉSTE: para disfrutar de la bendición de Dios, tenemos que aceptar nuestras limitaciones como criaturas. Si se aceptan estas limitaciones sabiamente, las mismas se reconocerán como una bendición.
¿CUÁLES SON ALGUNAS DE ESTAS LIMITACIONES? Un hombre está limitado a una sola mujer. Un hombre está limitado a un grado finito de placer sexual. El es finito, y todas estas limitaciones son una gran bendición de Dios. En resumen, ser una criatura es bueno. La manera en que razonamos tiene consecuencias a largo plazo; esto, y sólo esto, es una defensa de un duradero placer sexual.
Los hombres en rebeldía contra Dios tienen problemas entendiendo la importancia de distinguir entre el Creador y la criatura. Así que la raíz de toda rebelión contra Dios últimamente se basa en el deseo de sustituirlo a El. Los hombres no simplemente quieren huir de la autoridad de Dios; lo quieren derribar. Esto no quiere decir necesariamente que siempre tienen el deseo consciente de destronar al Creador. Ni tampoco quiere decir que Dios está preocupado por la posibilidad de que ellos tengan éxito.

El problema principal con la lujuria es la rotunda negativa a tolerar los límites. Como se mencionó, la lujuria es el deseo de exigir de una cosa finita lo que sólo puede proveer lo infinito. Es el deseo de elevar lo creado (la actividad sexual) al nivel de Dios. Pero puesto que somos finitos, nuestros placeres sexuales también son finitos. Quiere decir que tienen que tener algún término. Pero la lujuria es incapaz de decir “basta”. Siempre ha de tener otra cosa, algo más. Hay placer – pero no satisfacción.
Tenemos que volver de nuevo a 1 Tesalonicenses 4:3–5: “Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación: que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor; no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios;” Es importante que nos fijemos en la conexión de la moralidad sexual con el conocimiento de Dios. Si se niega al Dios trino e infinito, llegará el momento (por lo menos en la mentalidad de los hombres rebeldes) en que se buscará otra cosa con que sustituirlo a El.
Para los que están dominados por la lujuria, la cosa creada que idolatran es la sexualidad. Y el destino de esta cosa creada es igual al de otras cosas creadas que se habían elevado a “deidad”. Incapaz de ser Dios, se convierte en una criatura deformada, a la cual le dan culto y le sirven sus fanáticos, otras criaturas torcidas y deformadas. Pero este ídolo, igual que todos los ídolos, tambaleará y caerá. Igualmente, tiene ojos que no pueden ver, oídos que no pueden oír, y manos que no pueden amar.
La Biblia nos manda que seamos renovados en nuestro entendimiento (Rom. 12:1–2).
No debemos transigir con el mundo ni en su conducta desenfrenada, ni en la reaccionaria y gazmoñera. En otras palabras, debemos ser distintos, o como la Biblia lo expresa, santos. Esto quiere decir que los cristianos tienen que perseguir la santidad sexual.
[Fuente: DOUGLAS WILSON – Reformando el Matrimonio]

 

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