¡Eso No Pasa En Mi Iglesia!!!

¡Eso No Pasa En Mi Iglesia!!!

Después de trabajar 21 años como pastor en Venezuela y luego 23 años como misionero en Centro Y Sudamérica tuve que oír una y otra vez a creyentes y luego a líderes y pastores los cuales estaban desesperados por no poder manejar su sexualidad de manera sana. Muchos habían caído en la trampa de la adicción sexual, pero no se atrevían a hablar porque no serían entendidos.

Entendí entonces que necesitaba tomar una nueva dirección. En el año 2013 logré mi certificación como Profesional Pastoral en Adicción Sexual del Instituto Internacional Profesional del Trauma y Adicción en Estados Unidos y la conexión con el Ministerio Internacional Deseo Puro.
Los primeros dos años los líderes de las iglesias me miraban con un interrogante en sus ojos de por qué luego de ser pastor y misionero tomaba ahora el sendero de la sexualidad. Cuando les platicaba de la necesidad, algunos me decían con palabras y otros con sus ojos: Eso no pasa en mi iglesia. Cinco años después se ha hecho más evidente de que sí..Si está pasando en la Iglesia.

El grupo Barna, especializado en investigaciones y encuestas en el ambiente cristiano condujo una encuesta en 2014 y encontró que el 64 % de los hombres identificados como cristianos y el 15 % de las mujeres han visto pornografía por lo menos una vez al mes. 37 % de los hombres cristianos y 7 % de las mujeres vieron pornografía varias veces a la semana. En la misma encuesta el grupo Barna encontró que el 89 % de los adolescentes cristianos y 95 % de los jóvenes adultos dicen que ellos son neutrales en aceptar o animar a participar en eso.
La misma encuesta descubrió que el 62 % de los adolescentes y jóvenes han recibido imágenes sexualmente explícitas de alguien.

La red social ciertamente ha servido para cosas muy buenas, pero a la vez ha sido el trampolín para la conexión el adulterio, aventuras emocionales y enganches sexuales ocasionales.
En mis contactos con personas que buscan ayuda en terapia pastoral muchos han reconocido cómo Facebook, Instagram, twitter y otras redes los llevaron a conectarse con compañeros del colegio de hace muchos años con los cuales la reconexión tecnológica luego los llevó a enlaces emocionales, sexuales o con amores pasados que encendieron nuevamente las cenizas que parecían apagadas.

Aplicaciones como Ashley Adisson les ha permitido encontrar a alguien disponible a una aventura sin salir de su propio vecindario. Sin embargo, al compartir de esto con líderes cristianos volvemos a escuchar: “Eso no pasa en mi iglesia”.
Fue en el Agosto del 2015 cuando “El grupo Impacto” logró impactar la seguridad de la página de Ashely Madisson y tocar la lista de 32 millones de personas quienes privadamente se habían inscrito para lograr aventuras sexuales. Se dieron a conocer nombres de muchos creyentes que se habían inscrito allí.

El Dr. Ed Stezer, un experto en cultura y Director ejecutivo del Centro de Evangelismo Billy Graham de la Universidad de Wheaton publicó un artículo que intituló: Mi pastor está en la lista de Ahley Madison y allí mencionó lo siguiente: “ Basado en mi conversación con líderes de varias denominaciones de los Estados Unidos y Canadá, estimo que por lo menos 400 líderes (pastores, ancianos, diáconos y miembros de Directivas han renunciado por haber sido revelado sus nombres que están en la membresía de Ashley Madison. Esto ha si un momento muy embarazoso para la Iglesia”

No podemos seguir repitiendo la consabida frase: “No, eso no pasa en mi iglesia”

Concluyo citando las palabras del pastor Harry Flanagan, quien siendo pastor era un adicto sexual: “Herí a cada persona que me amaba y confiaba en mí. Viví la vida de un hipócrita. El daño de mi adicción fue como mínimo horroroso. Lastimé a cada miembro de la iglesia a la que pastoreé, a mi esposa, a mis hijos, a mis amigos pastores y colegas, a mi familia de origen. Y lo peor de todo es que por toda una década traté de detener la adicción, todo en vano, pues intenté hacerlo bajo mis propios términos y condiciones. No sabía qué hacer, y no tenía esperanza de ser libre. Estaba atrapado en la adicción, y viví una vida secreta.Tuve tres amoríos de largo tiempo con mujeres de mi iglesia, y también ocasionalmente leía novelas pornográficas y veía revistas de pornografía; tenía una vida de fantasías activa. Aun así, amaba a Dios.

 

Estaba tan confundido. ¿Cómo puedo realmente amar a Dios y estar involucrado en este comportamiento tan espantoso? Temía, ante todo, ser descubierto. Así que mantuve el secreto. El control se convirtió en mi línea de existencia. “Si puedo mantener el secreto, tal vez pueda resolverlo por mí mismo, pero no pude hasta que todo salió a la luz y allí sin ministerio tuve que ser restaurado”

Ya no podemos seguir diciendo: “No, En mi iglesia no pasa eso”. Atrevámonos a abrir la puerta con gracia y capacidad para que los que adentro sufren, encuentren la genuina libertad.

Dr. Serafín Contreras Galeano. PSAP 2013-1566
Profesional pastoral en Adicción Sexual.
Certificado por el Instituto Internacional Profesional
Del Trauma Y Adicción. Arizona. USA
www.codigorojo.org.
[email protected]

 

 

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