Esclavitud Espiritual

¿Qué quiero decir con el término «esclavitud espiritual»? ¿Estoy diciendo que la adicción sexual es incitada demoníacamente? ¿O es simplemente una conducta que debe ser cambiada? ¡En realidad estoy diciendo ambas cosas! No es inusual que los hombres se acerquen a mí después de un servicio y me pidan que ore por ellos y sus batallas sexuales. «Pastor Ted, ¿podría orar por mí para que este espíritu de lujuria se vaya de mi vida, pues ya no quiero luchar más con él?» Mi respuesta generalmente los deja atónitos. «Lo siento. No puedo hacer eso, porque en esencia lo que me están pidiendo es que le pida a Dios que les quite el cerebro y les ponga uno nuevo en su lugar.  ¡Esa es tarea de ustedes!»
Por alguna razón, cuando se trata de la adicción sexual, parece que nos olvidamos por completo de lo que predican las Escrituras en cuanto a renovar nuestra mente. Después que les explico a los hombres que una simple oración no va a ser la solución a sus conflictos internos, los animo intensamente a involucrarse en uno de los Grupos Exclusivos para Hombres de la iglesia ante el cual pueden dar cuentas y comenzar a trabajar en su manera de pensar. Nadie puede ganar esta batalla solo. Finalmente, oro por ellos, pues esta no es solo una batalla de la mente; es además una dura lucha con las fuerzas demoníacas del infierno. No podemos vencer solos al dragón; no lo podemos vencer por el simple esfuerzo intelectual. Haciendo un análisis final, esta es una batalla espiritual.
Si un hombre es sincero cuando afirma que quiere ser libre y no declara simplemente: «No volveré a hacerlo más», y si está buscando oración no porque haya sido atrapado o su esposa o novia al fin dijo basta, trato de ayudarlo a comprender cómo quedó atrapado en el proceso de engaño del dragón. El dragón despliega sus palmeadas alas de engaño con una increíble sutileza.
En Lucas 4:38,39, Jesús ministró a la suegra de Simón que estaba afligida por una fiebre muy alta. El texto dice que Jesús reprendió a la fiebre. Es interesante notar que Lucas usa la misma palabra en el versículo 35 para describir la respuesta de Cristo a un hombre afligido por un espíritu maligno. Lucas, el médico observador, no está diciendo que cada fiebre es causada por un espíritu maligno, pero esta sí lo era. En nuestro mundo caído, las cosas del infierno a veces nos caen encima. La suegra de Pedro obviamente era una mujer piadosa, porque tan pronto como fue libre de la fiebre se levantó y comenzó a servir a la gente que estaba en su casa. Pero a pesar de su piedad, ella había sido afectada por un espíritu demoníaco, y Jesús lidió con esa situación.
Más tarde, en Lucas 13, Jesús tuvo un encuentro con una mujer que no solo estaba afectada por un espíritu demoníaco, estaba siendo afligida. Un día de reposo, mientras Jesús estaba enseñando en una sinagoga, notó una mujer que «por causa de un demonio llevaba dieciocho años enferma. Andaba encorvada y de ningún modo podía enderezarse» (v. 11). La llamó de entre la multitud y le pidió que se acercara. Esto era un gran riesgo para ella porque, en su cultura, la enfermedad física era vista con frecuencia como una señal del castigo de Dios. Naturalmente, tuvo que haber luchado con un gran sentimiento de condenación en su vida. Con la gracia que solo Cristo pudo haber desplegado, él no solo la sanó, sino que además trató con su condenación al llamarla «hija de Abraham» ante los airados fariseos. Y Jesús no dejó dudas de la causa de su mal: Ella había estado atada por Satanás durante dieciocho años (véase v. 16).
Pero el plan del infierno no solo es atarnos físicamente, sino limitar las respuestas de nuestro corazón a Dios. Este es el motivo por el cual Pablo nos dice en 2 Corintios 10:3-5 que no libramos batallas como lo hace el mundo. No peleamos la batalla de la vida solo en el plano físico. Nos damos cuenta de que estamos para derribar fortalezas, cosas que nos inmovilizan, cosas dentro de nuestro proceso mental que nos impiden convertirnos en lo que Cristo nos ha llamado a ser. Por consiguiente, llevamos cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo (véase v. 5). La batalla definitiva siempre se encuentra entre nuestras orejas, no entre nuestras piernas. La lucha con nuestra sexualidad siempre es un reflejo de lo que sucede en nuestras mentes. La esclavitud sexual no tiene que ver con el sexo. La esclavitud tiene que ver con cómo nos vemos a nosotros mismos.
Pero la estrategia del dragón no está completa hasta que ha llevado a su presa a un punto de total dominio. No se satisface con hundir a sus víctimas en la condenación. Su meta máxima es movernos a un punto de compulsión, donde nuestra conducta está tan fuera de control que nos destruimos a nosotros mismos. No solo quiere destruirnos él mismo; sino quiere tener el «gozo» de ver a los hijos e hijas del Rey destruirse a sí mismos.
La historia del endemoniado gadareno en Lucas 8:27-31 es un clásico retrato de autodestrucción. A veces este hombre era conducido al desierto por fuerzas demoníacas. Perdía el control, se quitaba la ropa, vivía como un hombre muerto entre los sepulcros. Cuando estamos aconsejando a una persona que está luchando con una profunda esclavitud sexual no pasa mucho tiempo sin que nos demos cuenta de que es un ejemplo actual de alguien de la región de los «gadarenos». Puede lucir formidable por fuera, pero muchas veces termina llegando a casa a escondidas después de haber sido conducido en la noche por la lujuria y las pasiones descontroladas. Esta historia del Nuevo Testamento no es un tipo de cuento mítico. Es tan real como la historia del pervertidor de menores de la portada del periódico de ayer, o del respetado líder de la comunidad expuesto públicamente por su pervertida actividad sexual.
La meta máxima del infierno es lastimar al Padre, y la única manera de hacerlo es a través de sus hijos. Si hay una cosa por la que Dios siente debilidad es por sus hijos. Por consiguiente, el dragón hará todo lo posible para seducir a un hijo del Rey. He aconsejado a muchos hombres que aman con sinceridad al Señor; sin embargo están totalmente abrumados por la esclavitud sexual. Se sienten débiles y avergonzados a causa de su conducta. Al igual que el hijo de la parábola, piensan que son dignos solo de recibir una bofetada de Dios.
Una de las cosas que trato de hacer es ayudar a estos hombres a darse cuenta de que no son lo suficiente fuertes para ganar esta guerra solos. Necesitan la ayuda de Dios en sus vidas más que nunca. Necesitan caer en sus brazos como nunca antes. Y necesitan la ayuda de otros hombres alrededor de ellos para pelear la batalla. El infierno los usa como marionetas para desgarrar el corazón de Dios, y es hora de aprender a pelear con eficacia. Después que Jesús acabó con lo demoníaco, el hombre terminó siendo el primer misionero a los gentiles. Y ese es el plan de Dios para hoy. Cuando comencé los Grupos Exclusivos para Hombres en nuestra iglesia, empecé a ver cómo revivían hombres que habían estado en las sombras durante años. Al final, obtienen la libertad en sus vidas. Ya no tienen que fingir estar bien durante un servicio de fin de semana y esconderse en la cueva de sus pecados ocultos. Comencé a ver cómo se desarrollaban algunos guerreros en medio del rebaño. Ya no iban a dar viajes nocturnos sobre el dragón de las compulsiones destructivas. En cambio, comenzaban a volar sobre las alas de la gracia y el poder de Dios.
Con amor de
Dr. Ted Roberts
Ministerio Internacional Deseo Puro.
www.codigorojo.org

Escribe Tu Comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Similares: