Con La Mano En La Jarra

“Ustedes se hacen los buenos ante la gente, pero Dios conoce sus corazones. Dense cuenta de que aquello que la gente tiene en gran estima es detestable delante de Dios.”
Lucas 16.15

Cuando era niño, teníamos en casa una jarra con galletas, que tenía la forma del Monstruo de las Galletas del programa “Sesamo Street”. Podíamos comer galletas, pero después de la cena. De vez en cuando, durante el día yo trataba de sacar una a escondidas, esperando que mis papas no me agarraran con la mano en la jarra.

 

Muchos niños, eran descubiertos con la mano dentro de la garganta del Monstruo de Las Galletas; a mi, también me agarraron con la mano en la jarra. No tenía justificación ni explicación. Había hecho algo malo y me atraparon en el acto. Desafortunadamente, como adultos aprendemos a explicar de 100 maneras diferentes, por qué no es nuestra culpa, cuando se nos agarra con la mano en la jarra. O cómo está bien, cómo es justificable y razonable.
Es triste ver que muchos tratan de justificar sus acciones cuando es evidente que están errados. Personas “respetables” lo hacen, lo mismo hacen todos los demás. A nadie le gusta estar errado e igualmente todos queremos ser aprobados. Unimos las dos. Si hacemos algo mal, es decir,  cometemos un error, o sentimos que hemos hecho algo mal, entonces no podremos ser aprobados. Si cometemos errores, nuestro valor personal asociado baja y la gente gusta menos de nosotros. Si la gente gusta menos de nosotros, entonces estamos destinados a una vida de soledad.
Errores = Soledad
Es fácil ver por qué a la gente no le gusta admitir sus errores.
Cayendo entonces en el ciclo de la auto justificación. Explicamos muy elocuentemente todas las maneras y razones por las que tenemos razón y por qué nuestras acciones son apropiadas. A veces, la gente nos cree y nos sentimos, por lo menos temporalmente, justificados. El problema?  Dios conoce nuestro corazón, el sabe lo que realmente está sucediendo y no es engañado por nuestras gloriosas explicaciones. Él no quiere explicaciones ridículas. Solo quiere la verdad, porque la verdad viene de un corazón saludable. Corazones saludables llevan a tener relaciones saludables, incluyendo nuestra relación con El.
Hoy, presta atención a tus acciones y palabras. Estás tratando de justificar lo que has hecho o lo que estás haciendo? Qué tan lejos llegas para aparentar estar en lo cierto, parecer perfecto y ser aprobado? Recuerda que tu justificación viene de Dios, no de ti mismo, ni de tus acciones ni de tus mejores explicaciones.

Robert & Rebecca Vander Meer
www.laarboleda.net

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